Vuelve la Liga, vuelve el espectáculo

En pleno mes de Agosto, con muchos aficionados todavía disfrutando de unas merecidas vacaciones, la que se atreve a denominarse como la mejor liga del mundo vuelve a levantar el telón. La lucha por el título volverá a estar entre los tres grandes dominadores del fútbol español y el fútbol europeo.


El Barcelona lo dejará todo en manos de su MSN, mientras el Real Madrid tirará de la BBC para luchar por un título que ha ganado muy pocas veces en los últimos años, y el Atlético de Madrid estrenará la Triple G (Griezmann, Gameiro y Gaitán). El espectáculo está servido.

Os dejamos con el vídeo de la fiesta del Barcelona, que el año pasado se alzó campeón, veremos quién monta la fiesta esta temporada.

Esto empieza en 3, 2, 1...

           

Life is life, but life is not the same for everyone

En el pequeño barrio de Las Norias, perteneciente a la ciudad de El Ejido,  historias como esta se repiten día a día, año tras año. La historia que os cuento hoy es la de Max, pero bien podría ser la de Mamadou, Moustafa, Ossama… Es la historia de aquellos que empujados por la esperanza de encontrar un futuro mejor deciden emprender un viaje en el que encuentran muerte y desgracia, motivos que por muy grandes que nos parezcan resultan insuficientes para acabar con un sueño de una vida digna en el continente europeo.

Hoy Max decide contar su historia a 15 voluntarios venidos de Barcelona para organizar una Escuela de Verano para los chicos del barrio de Las Norias. Nosotros hemos ido a conocer a la fundación Cepaim, donde se dan clases de español para inmigrantes recién llegados. Max también va a esas clases, pero hoy llega tarde. Cuando entra se sienta en una silla y saluda asombrado con la mano. No entiende de donde ha salido tanta gente. Entonces llega la profesora, una mujer española cargada de energía que llama a los chicos para que vayan a clase, sin embargo Max no se inmuta. Se queda parado, mirándonos a cada uno de los que estamos allí sentados. La profesora lo mira y lo entiende. La educadora del centro nos lo presenta, nos cuenta que Max sólo hace dos meses que está en Las Norias después de haber estado seis esperando saltar la valla de Ceuta. Le pregunto qué edad tiene y nos dice que 21. No sé si es su cara, sus gestos, su mirada o las cicatrices del muro de hierro que hace sólo dos meses le separaban de España, pero le hubiera puesto muchos más. Entonces le preguntamos si le gustaría contarnos su historia. Se queda callado, mira al suelo, remueve en su corazón y nos damos cuentas de las ganas que tiene de ser escuchado. No sé cuántas veces la habrá contado, pero estoy seguro de que esta es la primera vez en que gente de su edad tiene tantas ganas de oírla.

La historia de Max empieza en Camerún, donde vivía con sus padres y sus seis hermanos. Dice que era una tarde cualquiera cuando decidió emprender el viaje hacia España. Su familia había reunido el dinero suficiente para que pudiera partir a Europa, donde todos creían que le esperaría un futuro mucho mejor. Sabían que el viaje podría ser largo, pero valía la pena, pues se dice que en Europa el dinero crece de debajo las piedras. Después de despedirse de toda su familia y haberse cargado la mochila con todo lo necesario para un viaje tan incierto, Max no sabe que le aguarda un infierno de dos años en el que sobrevivir será su instinto más necesario. Con los ojos llorosos, silencios eternos, risas amargas y miradas perdidas nos cuenta como la policía marroquí incendió el bosque donde varios inmigrantes aguardaban para saltar la valla, allí perdió a un amigo que murió engullido por las llamas. Nos explica cómo fue pasando de una mafia a otra, como siempre le pedían más dinero del que tenía y como nunca decidió contar a su familia el infierno en el que vivía. Si llamaba a casa era para decir que todo iba bien y que el viaje ya se acababa. Esperar meses en un pueblo abandonado a que alguien lo viniera a buscar para seguir por la travesía del desierto o caer en manos de grupos terroristas que querían el poco dinero que tenía se convirtió en su día a día. Tener que sobornar a la policía, caminar horas y horas, no comer en varios días o ver como violaban a una de sus amigas, fueron algunas de las experiencias que tuvo que vivir durante esos dos eternos años. Es difícil poner una estructura temporal a su historia debido a la cantidad de situaciones dramáticas que vivió en un espacio tan corto de tiempo. A este hecho se le conoce como el síndrome de Ulises y lo sufren la mayoría de inmigrantes que vienen a España. La acumulación de traumas les hace olvidar el espacio temporal y no recuerdan cuando paso una cosa o cuando paso la otra. Por ello, Max nos explica las cosas que más le marcaron y le dolieron, aquellas que por mucho dinero que pueda ganar en Europa ya nunca podrá olvidar.

Su historia nos remueve el corazón, nos deja a todos con mal cuerpo y la sensación de que la Escuela de Verano que hacemos en Las Norias es una gota de agua demasiado pequeña en un desierto demasiado grande. Salimos de la fundación Cepaim llenos de impotencia y de lágrimas mientras Max nos pide que sonriamos  y nos dice  en inglés que la vida no es igual para todos: “Life is life, but life is not the same for everyone”. Esta frase se nos clava dentro y volvemos a casa con la sensación de que somos incapaces de cambiar una realidad que nos supera.

Y esta es sólo la primera parte de la historia, ahora le queda por escribir la segunda. ¿Qué es lo que hará en España? ¿Cómo conseguirá los papeles? ¿De qué vivirá cuando ninguna fundación pueda seguir acogiéndolo? Preguntas que siguen hoy en día dentro de nosotros y de las que quizás nunca conozcamos las respuestas.

Pero al menos conseguimos algo, para Max el hecho de que jóvenes de su edad escucharan su historia con tanta atención fue muy importante. Abrirse y poder relatar sus experiencias le permitieron avanzar en su proceso de integración en un lugar tan nuevo para él. Al día siguiente vino a vernos a la escuela donde vivíamos, estuvo hablando con nosotros, enseñándonos fotos de su móvil y explicándonos como era su vida en Camerún. Luego se puso a jugar a fútbol en uno de los partidos que se hacían cada tarde en el campo de fútbol de la escuela, el único que hay en todo el pueblo. Era la primera vez que lo veíamos viniendo a jugar con el resto de jóvenes, y quiero pensar que nosotros tuvimos algo que ver. Y allí, con la única preocupación de pensar a quién le daría el siguiente pase o por donde marcaría el próximo gol, Max volvía a sentir que tenía 21 años y que era un joven que sólo quería pasárselo bien. El fútbol parecía devolverle la juventud y la inocencia que había perdido en su tortuoso camino, y desde ese día vino cada tarde. Esperemos que ahora que nosotros ya no estamos allí siga yendo a jugar esos partidos con el resto de chicos del pueblo, pues le devuelven algo que nunca debería de haber perdido. 


Messi, cabeza de turco

Por fin se conoce la condena a Leo Messi por defraudar 4,1 millones de euros. 21 meses de cárcel para él y su padre. Un caso que arrancó en 2013 y que, 3 años después está a punto de llegar a su fin. Queda el recurso que los Messi presentarán en el Tribunal Supremo.

Messi, un icono mundial, un futbolista único y admirado por muchos, ha sido declarado culpable y condenado. Antes, lo habíamos visto sentarse en el banquillo de los acusados y tuvo que escuchar como el Abogado del Estado le calificaba de "capo de una mafia". Quizá se ha querido demostrar con esto que la justicia es igual para todos. Que incluso alguien tan importante como Messi no se escapa de ella. Pero la conclusión que saco es la contraria. La justicia no es igual para todos. La persecución a la que ha sido sometido el argentino no tiene nada que ver con la tranquilidad con la que afrontan otros defraudadores procesos similares. Ha pagado por ser quien es. La agencia tributaria ha querido dar ejemplo con Messi y se han cebado con él. Y no hablo del juicio mediático. Eso va con el personaje.

Leía el otro día una noticia que me dejaba asombrado. Las filiales en España de Apple, Amazon, Ebay, Microsoft, Yahoo, Facebook y Google sólo pagaron 1,2 millones de euros a la Hacienda española en 2013. Entre las siete. Algunas incluso tienen las santas narices de declarar pérdidas. Trasladan el grueso de su facturación a otros países con mejores condiciones fiscales. Pero claro, es más fácil perseguir a Messi que meterse con los siete gigantes tecnológicos americanos. Unas empresas que facturan decenas de millones de euros anuales y que si hicieran las cosas como se deberían hacer, ayudarían a equilibrar los números de las arcas públicas.

Para finalizar, sólo les recuerdo un dato a los que griten a Messi y le insulten llamándolo "ladrón o defraudador". En 2014, Leo Messi pagó 53 millones a Hacienda y se convirtió en el mayor contribuyente de España. En siete años ha pagado más de 100. Un poco de respeto creo que se merece.

Alemania vs Italia: miedo a perder y penaltis

No me gustan los "Manolos", ni en general los "Deportes" de Cuatro. Creo que su excesivo amarillismo no es buen periodismo. Prima el sensacionalismo sobre la información, la apelación a los sentimientos sobre el raciocinio, el análisis serio y la opinión mesurada. Algo muy propio de la sociedad a la que van dirigidos sus servicios.

Ayer dos tópicos de Manu Carreño -creo que fue este presentador; en caso contrario, mil disculpas- me hicieron reflexionar sobre el partido de Italia y Alemania. El primero fue el miedo a perder. El comentarista afirmó que esta sensación pesaba más que el deseo de ganar de los dos equipos. No sé si es verdad. Como todos los tópicos, algo de cierto debe tener. Pero habría que estar en la piel de los jugadores para comprobar su veracidad. Sin embargo, me sorprende que fuera un sentimiento real ayer. Es lógico que los jugadores y los entrenadores tomaran precauciones y no fueran alegramente al ataque. Se enfrentaban dos grandes equipos; nada menos que tetracampeones del mundo. Estabamos en los cuartos de final del torneo, lo que significaba que el que perdía quedaba eliminado. Cierto. Pero necesitaban marcar un gol más que el rival, pues el empate sólo llevaba a la prórroga y ésta a los penaltís. Por lo tanto, era necesario adelantarse en el marcador. Y eso se podía conseguir con un acierto propio o con un fallo del rival. Dió la sensación de que Italia optó por la segunda estrategia hasta que se adelantó Alemania. Luego cambió de actitud y lo agradecimos. Boateng no. Los comentaristas tacharon su acción de "fallo de primaria". Fácil afirmación desde el cabina de retransmisión. No creo que sea sencillo mantener la cabeza tan fría en el terreno de juego, a ciento cincuenta pulsaciones, jugando unos cuartos de final y con Italia enfrente.

El segundo tópico fue, como no, "la lotería de los penaltis". Me acordé de un artículo que había leído en un blog de referencia: Nada es gratis. En él Pedro Rey Biel comenta una teoría de Natxo Palacios Huerta sobre los penaltis. Este economista analiza las estadísticas de la pena máxima a fin de intentar predecirla y llega a la conclusión de que "el lado natural" del portero y del chutador resultan claves, igual que la imprevisibilidad. De ahí que los grandes equipos y selecciones estudien a sus rivales, analicen las estadísticas y videos e intenten predecir; incluso, contratan especialistas en la materia, como el profesor Palacios. Y el partido de ayer evidenció esta idea: antes de los penaltis se pudo ver a uno de los técnicos de Alemania con un papel en la mano hablando con Neuer probablemente sobre los lanzamientos de los azzurri.

Para terminar, permítanme evocar dos imágenes del partido. La primera fue destacada por los comentaristas: la mirada perdida de Boateng tras finalizar los 90 minutos. La segunda, Gianluigi Bufon de espaldas cuando sus compañeros tiraban penaltís. 


El fin del trayecto de la Roja

2008 Eurocopa, 2010 Mundial, 2012 Eurocopa. Esos fueron los éxitos recientes de la Selección Española. Con la pronta eliminación en fase de grupos del Mundial (2014), muchos comenzamos a ver cercano el fin de una época gloriosa y esta Eurocopa era el examen final que nos mostraría donde estábamos realmente.

España inició su andadura en esta Eurocopa como una de las candidatas a la consecución del título pero no como la gran favorita. Cartel del que sí presumió durante sus últimas grandes citas. Hasta hace poco resultaba casi un imposible doblegar al combinado nacional. De hecho, cuando ayer marcó Chiellini el gol que adelantó a los italianos, era la primera diana que encajaba España en una Fase KO de un Mundial o Eurocopa desde 2006 (Francia 3-1 España). Dicho de otra forma, fuimos capaces de levantar tres grandes títulos sin encajar ni un sólo gol en las 10 eliminatorias.

Los dos primeros partidos (República Checa y Turquía) devolvieron el optimismo a los más escépticos y nos llevaron a pensar que el reto de conseguir 3 Eurocopas de forma consecutiva era alcanzable. El juego desplegado era excelente y había motivos para creer, viendo el nivel de los grandes aspirantes. Más aún cuando en el minuto 5´ del tercer partido, Morata perforó la portería croata. En ese momento, éramos primeros de grupo, teniendo como potenciales rivales hasta la final a Portugal, Polonia, Gales o Bélgica. Un cuadro, dentro de lo que cabe, asequible. Y más, en comparación con el que finalmente tuvimos por perder contra Croacia.

A raíz de ese gol de Morata, el último que pudimos celebrar en la competición, el sueño empezó a truncarse y desde ese momento hasta la eliminación de ayer, el buen juego dio paso a la falta de concentración, a la fragilidad defensiva, a la lentitud en el juego de posesión, a la incapacidad de ver puerta y sobre todo, a la ausencia de un plan B.

Ahora sí, tras el aviso de 2014, España cierra una etapa que quedará en los libros de la historia futbolística. No se puede vivir del pasado y el próximo paso es reconstruir un nuevo equipo que nos brinde alegrías.

El relevo generacional debe llegar y jugadores hay para ello. Carvajal, Bellerín, Meré, Vallejo, Gayà, Mikel Merino, Thiago, Saúl, Isco, Denis Suárez, Williams, Oyarzábal, Alcácer son algunos de los hombres llamados a devolver a España al lugar donde seguro que volveremos. Escoltados claro está por los De Gea, Piqué, Busquets y compañía. Siempre teniendo presente que jugadores como Casillas, Puyol, Xavi o Villa son irrepetibles.

Todo indica que el camino lo continuará un nuevo inquilino en el banquillo porque la salida de Del Bosque es un secreto a voces. La Federación Española tiene ante sí la papeleta de encontrar un seleccionador que sea capaz de devolver a esta Selección a la olvidada meritocracia y donde vestir la camiseta del Barça o del Madrid no suponga un bonus para ser convocado.

Gracias por todos estos logros. Es el momento de reinventarse.



Leo, yo ya lo hubiera dejado

Los argentinos son personas pasionales, habladoras, intensas, capaces de amarte un día y de odiarte el otro. Expresan sus emociones por encima de todas las cosas sin pensar en las consecuencias. Si Descartes aseguraba que Pienso, luego existo, un argentino es más propenso al Actúo, luego pienso. Y el fútbol, como parte de la vida de Argentina, no es una excepción.

La Selección Argentina ha vivido siempre bajo la sombra eterna de Maradona. Aquel gol con la mano ante Inglaterra en el Mundial de 1986 que le valió un Mundial a la albiceleste sigue siendo una sombra demasiado larga para este país. Ni Leo Messi, el mejor jugador que ha dado la historia de este deporte, ha sido capaz de desprenderse de esta losa, que con los años cada vez se hace más pesada. La llegada del joven Lionel al mundo del fútbol se vivió como una resurrección de la figura maradoniana. Había llegado el niño que volvería a encumbrar a Argentina a la gloria más alta de este deporte. Ya de pequeño, el país seguía las andadas de Lionel con gran atención. Pronto apareció el miedo de que acabara jugando con España, país donde vivía, jugaba y se formaba como futbolista. Pero Messi se sentía y se siente argentino, y no dudo en decirle que no al país que le había visto crecer para darle el sí al que le había visto nacer. Él era de Rosario, y Rosario está en Argentina.

En el primer Mundial que disputó Lionel con la selección se empezó a entrever que el paso de Messi por la Selección no sería fácil. Fue en el año 2006, en el Mundial de Alemania cuando Argentina cayó eliminada contra la anfitriona en los cuartos de final y en los penaltis. Leo jugó sólo 122 minutos en ese torneo que le sirvieron para dar una asistencia y marcar un gol. Desde ese primer Mundial con la absoluta Leo ha jugado dos Mundiales más, el de Sudáfrica y el de Brasil. En Sudáfrica volvió a caer en los cuartos de final ante la Selección Alemana, esta vez por un contundente 4 a 0, mientras en Brasil la Selección llegó a la final pero la perdió, otra vez contra Alemania. La misma suerte ha corrido Argentina en las 4 Copas Américas que ha disputado desde el 2006 con Lionel en el plantel. La albiceleste ha llegado a 3 finales, pero las ha perdido todas. En este cúmulo de finales perdidas los argentinos siempre han apuntado al mismo hombre. Leo ha ido creciendo sabiéndose más querido en España que en Argentina, porque mientras sus compatriotas le iban retrayendo las finales pérdidas, en España le dábamos las gracias por jugar en la Liga Española y no haberse ido nunca a la Premier. 


Lo que todavía no entienden en Argentina es que si han jugado tantas finales es porque tienen en sus filas a Lionel. Sólo con él en el campo podrías llegar a una final del Mundial con estos jugadores: Romero-Rojo-Zabaleta-Demichelis-Garay-Mascherano-Biglia-Enzo-Higuaín-Lavezzi, que no son malos, pero no son tan buenos como para ser los mejores del mundo. Mientras, España tuvo que juntar a todo un cúmulo de leyendas sobre el césped para poder llegar a una: Casillas-Ramos-Piqué-Capdevila-Alonso-Busquets-Xavi-Iniesta-Pedro-Villa.  

El lunes, después de un nuevo fracaso Leo dijo que iba a dejar la Selección. Los argentinos, sorprendidos por su decisión, han empezado varias campañas en las redes sociales para intentar que Leo siga con ellos. Parece que han empezado a entender que sin Leo dejarán de perder finales porque nunca llegarán a jugarlas. Pero Messi ha dado mucho a su país y recibido muy poco, y ahora parece tarde para empezar a devolvérselo. Yo al menos, me hubiera ido hace mucho tiempo.  

Will Grigg is on fire

La canción de moda de esta Eurocopa 2016 es el "Will Grigg's on fire". Ni la canción oficial del torneo compuesta por David Guetta "This one's for you!" ha podido competir con el "Will Grigg's on fire" que los aficionados de Irlanda del Norte han popularizado por toda Europa. 


Todo empezó cuando Sean Kennedy, aficionado del Wigan, el club donde juega Will Grigg, le dedicó esta canción a su delantero favorito. Grigg jugó la temporada pasada con el Wigan en la League One inglesa, que vendría a ser la Segunda B en España, y gracias a sus 28 goles consiguió ascender a su equipo a la Championship, la Segunda División. La euforia de este fan del Wigan fue tal que decidió dedicarle esta versión de la conocida canción "Freed from desire". 

                                   

Grigg fue convocado por Irlanda del Norte para la Eurocopa de Francia, y aunque no ha disputado ni un solo minuto se ha convertido en uno de los jugadores más conocidos. Seguro que el bueno de Sean no hubiera imaginado nunca que su  pequeña obra acabaría siendo la canción más popular de la Eurocopa y que retumbaría por todos los estadios de Francia. Y es que cuando la afición de Irlanda del Norte canta el "Will Grigg's on fire", esto es lo que pasa:   

               

I am a hooligan

El otro día mi padre me preguntaba qué es lo que pasa con los hooligans en la Eurocopa de Francia. Decía que no recordaba un torneo de selecciones con tantos problemas de hooliganismo y que pensaba que era un fenómeno que iba a la baja. Por desgracia, sigue habiendo hooligans en el mundo del fútbol.

Lo cierto es que hace muchísimos años que están. En España los conocemos más como ultras, y en los años 80 y 90 eran unos habituales de los estadios. Ahora lo siguen siendo, pero su presencia ha disminuido mucho. Los ultras o hooligans no son sólo aficionados, tienen influencia dentro de los clubes y relación con las juntas directivas. Siempre han sido violentos, van a los campos a animar, a emborracharse y a pegarse con los ultras rivales. En España, tanto Real Madrid como Barcelona han tenido sus grupos violentos con el beneplácito de sus juntas directivas. En la capital había los Ultra Sur y en Barcelona los Boixos Nois. Usar un tiempo verbal en pasado puede ser un tanto arriesgado, pues por mucho que se haya trabajado en su abolición se siguen viendo banderas y bufandas de ambos grupos en el Bernabéu y el Camp Nou. A pesar de ello, ambos clubes han conseguido ser ejemplo de cómo acabar con la presencia de los violentos en los estadios de fútbol.

Pero el problema sigue vigente. La pasada temporada murió un ultra del Deportivo de La Coruña a manos de ultras del Atlético de Madrid, y la Eurocopa es un sinfín de peleas entre hooligans de distintas selecciones. Destacan los rusos y los ingleses, dos aficiones con una amplia tradición en el fenómeno del hooliganismo.


Para entender el fenómeno hooligan en la Premier League os recomiendo la serie de películas Green Street Hooligans. Os daréis cuenta de que el hooliganismo va mucho más allá del fútbol. Es un problema social, algo se ha hecho mal para que haya personas que encuentren el hecho de pegarse con otras divertido e interesante. Porque al final pegarse es lo importante, dan igual los equipos y da igual el resultado, lo que motiva a un hooligan es poder encontrar una afición rival que quiera pegarse con ellos.

Pero a pesar de ser un problema social, los clubes tienen la responsabilidad de poner la primera piedra para su abolición. Y es que mientras haya clubes y federaciones que miren hacia otro lado, los hooligans nunca desaparecerán. Siempre habrá algún loco dispuesto a poner el fútbol como excusa para poder pensar: I am a hooligan. 

Andrés Iniesta, you can be my hero

Andrés Iniesta es el hombre de la Eurocopa de Francia. Su fútbol es la razón por la que España vuelve a ser la máxima favorita para llevarse la tercera Eurocopa seguida. 


Como dijo Riquelme, Messi es el más grande pero el que juega mejor a esto es Andrés Iniesta.